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martes, 13 de noviembre de 2012

14 de Noviembre: No a la huelga general

  Los sindicatos son organizaciones apesebradas que impiden el acceso al trabajo

La huelga general es una acción de los sindicatos contra los empresarios. El trabajador rompe unilateralmente el contrato firmado con el empresario. Desde el punto de vista jurídico, es inaceptable que una parte rompa el contrato sin ser castigado por los daños causados. Por muy constitucional que sea la huelga, se pone de manifiesto la falta de ética que gobierna nuestro ordenamiento en lo referente al cumplimiento de contratos.

Las consecuencias inmediatas del incumplimiento contractual del huelguista debían ser:
     - la no percepción del salario de la jornada
     - pagar daños y perjuicios por el incumplimiento de su deber laboral a la empresa perjudicada
     - tener derecho el empleador a rescindir el contrato del trabajador por negarse éste a cumplir con su obligación

Claro que en una sociedad donde el trabajo está intervenenido por el Estado, cualquier ideal sobre el deber ser se convierte en una imposición legal. Así queda el panorama tan sólo echando una mirada al horizonte:
     - los salarios están impuestos por los convenios laborales, arropados por una exhaustiva legislación laboral a favor del contratado
     - a esos salarios se suman los altos porcentajes de seguridad social que abarcan sanidad, pensiones, subsidios y otros, sancionados por decreto a cargo de trabajadores y, sobre todo, empresarios y autónomos
     - no se permite la promoción del trabajador en la empresa, tampoco la deslocalización hacia otros lugares de implantación de la empresa, fuera del ámbito que la ley tolera
     - incumplir el contrato con el abandono voluntario del trabajador no está castigado, mientras que el despido está sancionado con la indenmización
     - de esta manera el trabajo se convierte en una actividad subsidiada por la empresa y por el estado, muy lejos de ser la auténtica actividad productiva que hace competitivos a los productos y servicios

Los sindicatos son organizaciones apesebradas que impiden el acceso al trabajo para mostrar su desacuerdo con alguna política que realiza el gobierno, como por ejemplo impedir que se liberalicen las relaciones laborales o cualquier estructura que libere a los usuarios de ataduras que obstaculiza la libre elección.

Dado el poco poder de penetración que tienen los sindicatos en la sociedad, los dias de huelga general utilizan piquetes violentos y amenazas para coaccionar al trabajador que se resiste a la huelga: obstaculizan el transporte público, la circulación de mercaderías, la apertura de comercios, poniéndose contra la voluntad de la gran mayoría que elige llevar la normalidad a un día de huelga general.

Los sindicatos no disponen de fondos propios suficientes con la cuotas que cobran a sus afiliados. Se financian con subvenciones de las tres instituciones del estado -gobierno central, autonómico y municipal- que proviene de los impuestos que el estado expropia de nuestros beneficios para que los sindicalistas promuevan huelgas y coacciones contra los intereses individuales de las personas.

domingo, 29 de abril de 2012

Sindicatos sin prestigio

 protestas contra los recortes tiene pocos nuevos seguidores, porque ... no hay dinero para tantas prestaciones educativas, sanitarias, pensiones y, sobre todo, para funcionarios
Se acerca otro primero de mayo, el día del trabajo. Los sindicatos calientan ambientes. Anuncian manifestaciones y afilan la lengua. Pero lo peor está por llegar pues las últimas llamadas son a la rebelión democrática contra los recortes.
Las organizaciones sindicales basan su función en una perpétua reivindicación sustentada con los fondos del Estado, es decir con nuestros impuestos, extraordinariamente generosos de anteriores gobiernos y desmesurados en la coyunta que matrimoniaron con los gobiernos de ZP.
El gobierno Rajoy en que confiamos serios recortes presupuestarios, entre ellos subvenciones a sindicatos y otras organizaciones prescindibles para el funcionamiento del estado, está metiendo baza en la inmensa clase productiva que no tuvo culpa en el aumento del gasto público -origen y causa de la inmensa crisis económica actual- aumentando impuestos directos e indirectos, recortando prestaciones, amputando salarios.
Los sindicatos viven la pérdida de poder que ejercían sobre masas de trabajadores y suben la voz y el volumen del discurso, pero no por más chillar se tiene más razón. Además, tampoco han tenido influencia moral ni intelectual sobre la sociedad que respalde un cambio hacia las posiciones que reivindican.
Lo cierto es que sus protestas contra los recortes tiene pocos nuevos seguidores, porque lo que cada vez más gente entiende es que no hay dinero para tantas prestaciones educativas, sanitarias, pensiones y, sobre todo, para funcionarios, tampoco para los sindicatos.
Liberados sindicales a gogo, salarios desmesurados para la acción que ejercen, nivel de vida en desacuerdo con el discurso que propagan, corruptelas como mariscadas, cruceros y representaciones ostentosas, no es la imagen que muchísimos trabajadores desean de sus representantes. Aquellos polvos trajeron estos lodos contaminados donde los brotes verdes del fantasma ZP se marchitaron.
Rien ne va plus. No va más. Se acabó.

lunes, 20 de septiembre de 2010

No a la huelga 29 S

  
Nadie cree, excepto los liberados sindicales y doctrinarios al uso, que los sindicatos mejoran las perspectivas de empleo con salarios elevados.
 Todavía hay gente, sindicalistas y políticos de izquierda principalmente, que presentan a los sindicatos como instituciones libres. Lo fueron cuando luchaban por la libertad de asociación y se ganaron el apoyo de amplios sectores sociales - el caso CCOO fué ejemplar en el tardofranquismo-. Desgraciadamente conservaron apoyos de socialistas y conservadores ingénuos después de haberse convertido en la única institución privilegiada con licencia para conservar la fuerza sin ley. Su actual poder se basa en la coacción que ejercen sobre otros trabajadores que con amenazas de utilizar la violencia, disuaden de ofrecer su trabajo en las condiciones que los mismos sindicatos han acordado en el convenio.
La acción sindical consiste en monopolizar el proceso que equilibra la oferta y la demanda de la actividad económica y suspenderlo. De esta manera el uso de la fuerza por parte de los sindicatos para determinar una estructura de salarios que otros grupos menores consideran alcanzable, llega a convertirse en el principal obstáculo para alcanzar un nivel de empleo elevado y estable.
Nadie cree, excepto los liberados sindicales y doctrinarios al uso, que los sindicatos mejoran las perspectivas de empleo con salarios elevados. Hoy en España esa es la causa principal del paro y de la disminución del nivel de vida de la clase obrera.
España es un país con fuerte déficit de la balanza comercial por cuenta corriente, es decir el coste de nuestras importanciones es mayor que el de las exportaciones. Eso quiere decir que nuestra subsistencia depende del comercio internacional, y el empeño de proteger los salarios contra las fuerzas del mercado tiene como consecuencia el aumento del paro. Por tanto urge ser competitivos para vender los bienes y servicios que producimos, para lo cual es imprescindible bajar los salarios reales.
El gobierno socialista Zapatero, en contra de sus principios, presionado por la Comisión Europea y el gobierno Obama, abandonó su fé para no perder la silla -bajada de pantalones, en puro argot-, es decir, está disminuyendo el gasto público, aunque insuficiente, a base de los más débiles. También ha retraido el presupuesto de inversiones en infraestructuras, lo cual traerá retraso respecto a otros paises de nuestra competencia.
Pero lo urgente es que se libere el contrato laboral para que las empresas y los trabajadores reanuden la actividad más necesitada, la económica, por encima, sí, de la sindical, hoy por hoy desprestigiada, doctrinaria, subvencionada y privilegiada.
Para los sindicatos sólo existen derechos sociales y laborales, como dice Manuela Pascual, Secretaria de CCOO Comarques Centrals, pero olvida los verdaderos derechos funtamentales del individuo en materia de trabajo que son el de libertad de elección, libertad de acudir al trabajo, derecho a la no agresión y el derecho a firmar contratos líbremente.
Yo creo que la verdadera fuerza sindical radica en los liberados, mantenidos a base de subvención por los gobiernos democráticos, atenazados ante las amenazas de huelga. Esos gobiernos han conseguido hacer de los sindicatos el único poder fáctico no democrático que queda en España. Si nuestro gobierno tiene voluntad de garantizar la libertad y la seguridad de los trabajadores la huelga creo que fracasará. Pero su estabilidad también depende de las dos centrales sindicales mayoritarias.

miércoles, 30 de junio de 2010

Huelga: el barco se hunde

 El monumental cabreo al regreso de Madrid sin haber podido empezar ninguna de las dos gestiones que debía haber realizado son el motivo de este post.
Huelga en el Metro.- La huelga no es ningún derecho fundamental. La libertad de acción y de pensamiento sí es un derecho. No hace falta ninguna ley que diga cómo debo hacer después de elegir líbremente, basta con querer ir a trabajar para que nadie lo impida. La huelga no está regulada por ley, pero sí está penalizada como delito la coacción, el impedimento, la violencia, la agresión sobre ninguna persona por el hecho de querer ir atrabajar. Y todos esos sindicalistas parasitados en el mundo sindical que actúan con intimidación y violencia como justificantes de sus acciones políticas deben ser denunciados por quienes tienen la obligación de velar por nuestra seguridad: los políticos. El partido socialista ya lo ha hecho inhibiéndose, claro, pues son hermanos de clase obrera unidos en la lucha contra el capital representado por la derecha, el rintintin decimonónico del marxismo incrustado en cerebelo reivindicativo. Esto no tiene ningún sentido en el siglo XXI.
La derecha veremos si sigue pasteleando con los sindicatos. De momento en Madrid Esperanza Aguirre tiene ante sí enviar cartas de despido por los incumplimientos de trabajo (el Metro de Madrid es empresa pública que depende de la Comunidad) y poner ante el juzgado a los violentos agresores contra el derecho a la integridad física de las víctimas (es la máxima responsable del Gobierno de la Comunidad). Debe hacerlo, es un problema político que se emprende con acciones públicas.
Las que hemos ido y vuelto en menos de 10 horas sin provecho estamos con el enfado y la crispación del trabajo impedido por terceros y con la cartera un poco más esquilmada sin posibilidad de recuperar.
Los sindicatos conquistaron las vacaciones, también consiguieron las pagas extras para los trabajadores y trabajadoras. Y ahora nos van a sacar de la crisis económica. Porca misseria ...